lunes, 23 de abril de 2012

ESTUDIO (2)




















En psicofísica hay una ley (la ley de Weber-Fechner) que relaciona el valor objetivo de la estimulación (una luz, un sonido, un contacto) con su valor subjetivo (la sensación que experimentamos).  El quid del asunto es que nuestra sensibilidad disminuye en proporción con la cantidad total de estimulación.  Si hay dos velas encendidas en una habitación, notamos fácilmente la diferencia de luminosidad al encender una tercera.  Pero si hay cincuenta velas encendidas, es improbable que notemos la diferencia al encender la número cincuenta y uno.  Si la estimulación total es menor, cada pequeño cambio marca más la diferencia o, para decirlo con la frase de Gregory Bateson, es una diferencia que hace la diferencia.  Contra un fondo silencioso y sin estrés, los sonidos y los movimientos sutiles pueden tener un efecto muy dramático.



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